Material de Bioética
Fecha: 29 y 30 de Septiembre de 2005
Expositor(es): Fernando Chomali
Retiro/Conferencia: II Congreso Internacional de Bioética Personalista (FIBIP) - Ciudad de México
Tema: UNESCO y la Bioética en América Latina
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Estos Congresos nos permiten hacernos un espacio, siempre tan necesario, para poder pensar en qué estamos y hacia dónde vamos, en este caso en lo que a la vida se refiere.
Antes de abordar el tema quisiera hacer algunas apreciaciones de la situación cultural en la que estamos inmersos y que repercuten, sin lugar a dudas, en el modo como nuestro continente se acerca al tema de la vida humana.
No cabe duda que estamos frente a cambios muy profundos, que se han traducido en modos de comprender la realidad, no siempre fácil, de comprender. No sin razón la Conferencia Episcopal de Chile tiene presente en las Orientaciones Pastorales 2001-2005 (OO.PP.) que estamos en presencia de "un cambio de grandes proporciones... un cambio de época que todavía no termina" OOPP 53, que ha implicado "cambios de paradigmas, ...un cambio en los referentes de la vida" OOPP 55, más aún un "cambio de horizonte cultural desconocido para nosotros" OOPP 57. Y, sumado a todo ello, "una profunda crisis de esperanza" OOPP 63.
Uno de estos cambios se ha manifestado en una realidad muy contradictoria. Por una parte, los Organismos Internacionales presentan declaración a favor de los derechos de los hombres y, por otra, estos derechos se conculcan como nunca. Juan Pablo II hace ver en la Encíclica Evangelium Vitae una verdadera involución de la sociedad al considerar el aborto un derecho, siendo a todas luces un delito nefasto. Este atentado en contra de la vida y tantos otros que todos conocemos, constituyen, usando sus propias palabras, una "conjura en contra de la vida" (Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium Vitae, 1995, 12) que también están presente en nuestra América Latina. La pregunta que se hace el Papa es ¿cómo hemos podido llegar a una situación semejante? Y responde: "Se deben tomar en consideración múltiples factores. En el fondo, hay una profunda crisis de la cultura que engendra escepticismo en los fundamentos mismos del saber y de la ética, haciendo cada vez más difícil ver con claridad el sentido del hombre, sus derechos y deberes (Ibidem. 11). Este es el punto neurálgico de toda lectura que queramos hacer acerca de la realidad en la que estamos inmersos.
Cuando se ha perdido el interés por una lectura propiamente metafísica de la realidad que intente penetrar en ella en cuanto tal, y desde allí promover una ética, en este caso una bioética que sea conforme al ser de éste, necesariamente acontece una serie de hechos que conviene describir.
a. El predominio en las personas de su propio modo de pensar o de sentir por sobre lo que es objetivo, puede ser considerado como un rasgo propio de la cultura moderna. En sí mismo, esto no reviste un carácter negativo, sino más bien contribuye a ampliar nuestra visión de la realidad. Sin embargo, ha conducido, en no pocas veces, al surgimiento de corrientes que, sobrevalorando esta subjetividad individual, llevan a negar la existencia de principios morales de validez universal. El privilegiar la propia subjetividad suele acompañarse también de un excesivo refuerzo de los propios sentimientos, trayendo como consecuencia la dificultad que muchas veces se encuentra para considerar las cosas o ideas en forma propiamente racional. Esto hace que las discusiones en la actualidad se presenten más como medición de fuerzas o como expresiones no criticables de lo que uno simplemente hace o piensa, que como diálogos en los que las partes buscan honesta y humildemente la verdad. Una consecuencia de este hecho es que numerosas personas pone en duda que exista una verdad única en asuntos éticos y, por lo tanto, rechazan de antemano lo que llaman "moral tradicional" (Chomali F., y otros, Informe sobre moral para el X Sínodo de Santiago, 1995).
b. Otro elemento cultural importante dice relación a la comprensión de la realidad como un conjunto de fuerzas calculables, de las que el hombre se puede adueñar a su gusto. Lo que determina la vida de las personas son las posibilidades que ofrece la ciencia y la técnica, y la dimensión ética de las acciones se analiza a la luz de las consecuencias que una acción deja prever. Ya no hay acciones buenas o malas en sí mismas, el imperativo tecnológico de que todo lo que puedo hacer se ha de hacer a tomado un lugar privilegiado en América Latina, lo que ha empobrecido el valor de la persona en cuanto tal. Es interesante que este verdadero desequilibrio entre las posibilidades técnicas y la moral ya lo había hecho notar Juan Pablo II al inicio de su Magisterio cuando sostenía: "El progreso de la técnica y el desarrollo de la civilización de nuestro tiempo, que está marcado por el dominio de la técnica, exigen el desarrollo proporcional de la moral y de la ética. Mientras tanto, éste último parece, por desgracia, haberse quedado atrás" (Juan Pablo II, Carta Encíclica Redemptor Hominis, 1979, 15). En efecto, América Latina ha ido cediendo a una mentalidad cientifista, que se ha convertido en una verdadera antropología. De hecho los Obispos reunidos en Puebla el año 1979 lo hicieron notar al plantear: Otra visión que se ha arraigado en la sociedad Latinoamericana es la cientista. Los Obispos hacen notar que: "La organización técnico - científica de ciertos países está engendrando una visión cientista del hombre, cuya vocación es la conquista del universo. En esta visión, sólo se reconoce como verdad lo que la ciencia puede demostrar; el mismo hombre se reduce a su definición científica. En nombre de la ciencia todo se justifica, incluso lo que constituye una afrenta a la dignidad humana. Al mismo tiempo, se someten las comunidades nacionales a decisiones de un nuevo poder, la tecnocracia. Una especie de ingeniería social puede controlar los espacios de libertad de individuos e instituciones, con el riesgo de reducirlos a meros elementos de cálculo" (Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), Documento de Puebla, "La evangelización en el presente y en el futuro de América Latina", CELAM, Bogotá 1979, 315). Esta visión antropológica se niega a un pensar auténticamente metáfisico reduciendo la realidad a lo empíricamente demostrable, y la antropología a la biología. En el plano del actuar del hombre, postula que lo técnicamente posible es lo éticamente aceptable. Se ha enquistado la idea de que la persona es un mero factor de producción y de eficacia, siendo la actividad económica el valor supremo. Ello, sin lugar a dudas, ha tenido una gran influencia en las políticas públicas y en muchos países ha llevado a un desprecio de la vida de los enfermos, los desvalidos, aquellos que no "producen". Esta nueva mirada de la sociedad ha generado grandes cambios en la familia, que de ser un valor en sí mismo pasa a ser un valor instrumental, en cuanto adquiere o pierde valor en la medida que se compatibilice con la dimensión económica de la vida y el "bienestar" asociado. La maternidad ha sido postergada, considerada en muchos casos como una amenaza para la "realización de la mujer", que en este esquema de sociedad está en el trabajo y la posición social.
Finalmente, al intentar reflexionar sobre estos temas, no puedo dejar de preguntar por la razón última de esta nueva cultura que se impone con fuerza. No cabe duda que la mirada la hemos de posar en la libertad del hombre. En efecto, la carencia de antropología adecuada, de un pensamiento metafísico, y de un gran escepticismo frente a la posibilidad de postular verdades que valen siempre y bajo todas las condiciones y que el hombre puede llegar a conocer y actuar en consecuencia, ha pauperizado la realidad del hombre en cuanto libre. Ello ha traído, en primer lugar, que la ley ha abdicado en su misión educacional, y se ha contentado con regular "libertades" individuales. Las declaraciones de los organismos internaciones se preocupan mucho de no tener problemas con nadie, haciendo de sus declaraciones un conjunto de ambigüedades para que cada cual las aplique como lo desee. Así, frente a la incapacidad de fundar una verdad, la "libertad se convierte en valor absoluto, y el Estado se declara neutro. Sin embargo esta mirada es estrecha porque una libertad sin verdad termina necesariamente ahogándose en sus propios excesos. La libertad se convierte en un poder destructivo. ¿Acaso no es ese mismo concepto de libertad que permite millones de abortos en el mundo (aunque ahora los llaman interrupción voluntaria del embarazo), cientos de miles embriones congelados (aunque ahora los llaman un mero conjunto de células, o preembriones), millones de ancianos solos y candidatos a la eutanasia en virtud de su soledad y falta de amor (aunque ahora le llamen muerte por piedad)?
Es en este contexto que se han de entender estas declaraciones de corte internacional. Si se leen cuidadosamente es imposible negarles su valor. Es interesante hacer ver cómo, en el caso concreto de la Declaración de Bioética de la UNESCO, se ha tenido una interesante evolución, eliminando de sus páginas todo aquello que podría constituir un roce con alguna de las "cientas" de sensibilidades involucradas, quedando así reducida a lugares comunes que pueden ser interpretados de múltiples formas.
Este hecho adquiere la máxima relevancia a la hora de hacer un juicio al respecto, dado que "un texto sacado de contexto puede convertirse en el mejor de los pretextos" y no va a faltar quien, al querer introducir un proyecto de ley, se ampare en algunos dichos de la declaración. Desde ese punto de vista hay que ser muy lúcido para reconocer aquellos elementos manifestados en frases o palabras que pudieran dar pie a interpretaciones varias. ¿Acaso no se ha introducido un lenguaje nuevo para estos efectos? Como, por ejemplo, en vez de hablar de familia se habla de las familias, para referirse al cónyuge se prefiere hablar de la pareja, y para el sexo se ha introducido el término de género, sumados a otros términos de gran ambigüedad y amplia interpretación como derechos reproductivos, sexo seguro, autonomía, principio de no discriminación, entre otros. Todos conceptos que apuntan a reivindicar la libertad como valor absoluto, pero sin verdad.
Es interesante hacer notar que esta declaración omite cualquier intento de definir conceptos. Es cierto que no le corresponde, pero ¿cómo poder fundar una declaración a favor de los derechos de la persona humana si no se define qué se entiende por ello y, por lo tanto, se deja el concepto a una libre interpretación?
LA UNESCO, el Comité Internacional de Bioética y las políticas públicas en Chile
La UNESCO en Chile no tiene gran relevancia en lo que a políticas públicas se refiere. En realidad, el alto nivel cultural del país, la excelencia de algunas universidades y el reconocimiento intelectual de muchas personas hacen que los debates sobre los temas vinculados a la vida se realicen en estos ambientes. De hecho, no tengo recuerdo que la UNESCO, en cuanto tal, haya convocado a un Congreso o reunión para abordar estos temas. La Organización Panamericana de la Salud, con sede en Chile, y su Comité de Bioética ha hecho un trabajo en las políticas públicas más significativo.
De hecho, los actores más relevantes a la hora de definir políticas públicas y reflexionar sobre estos temas son las universidades, especialmente la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Universidad de Chile y la Universidad del Desarrollo, la que actualmente ha ido adquiriendo cierta relevancia pública. Son siempre las mismas personas que estamos constantemente invitados a participar en los múltiples diálogos que se generan en torno a estos temas.
No tengo recuerdo que alguien haya invocado al Comité Internacional de Bioética en estas instancias de discusión a la hora de promover un proyecto de ley. Sin embargo, no por ello se ha de menospreciar su alcance. De hecho, el 30 de Noviembre del año 2000, el Ministerio de Salud de Chile fijó, mediante el decreto exento 2326, las "directrices para los servicios de salud sobre la esterilización femenina y masculina". Los gobiernos tienen presente este tipo de documento a la hora de realizar sus políticas públicas; claro está que en la medida que se adecuen a sus intereses de corte ideológicos o políticos. De hecho, el instructivo apela claramente a documentos internacionales con el propósito de avalarlo: A) Dar cumplimiento a la convención sobre la "Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer" en lo que se refiere a "Derechos de Salud y Reproductivos de las mujeres" y a los acuerdos de la Conferencias de Población y Desarrollo de El Cairo (1994) y la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing (1995). B) La necesidad de dictar nuevas directrices en el marco del respeto de los "derechos reproductivos de las personas". C) Lograr mayor igualdad en el acceso a estas prestaciones por parte de los beneficiarios de los establecimientos dependientes de los Servicios de Salud respecto a los pacientes del sector privado de salud.
Por lo tanto, estos documentos no se han de desestimar, especialmente en los países en que la reflexión bioética está en sus inicios y, por lo tanto, son más susceptibles de invocar este tipo de documentos internacionales. Creo que especialmente hacia ellos va dirigido esta declaración por el interés demostrado en monitorear su evolución y puesta en práctica.
Creo que la Federación Internacional de Bioética de inspiración personalista tiene una oportunidad histórica de promover sus principios en todos los ambientes. Para ello se requiere un gran esfuerzo comunicacional a nivel nacional e internacional. Por otra parte, me parece muy importante fortalecer la presencia de los miembros de la Federación en los foros internacionales, para percibir la sensibilidad para tratar los temas y para ver la contribución específica que se puede realizar en los distintos ámbitos de influencia de dichos temas.
Creo sinceramente que la FIBIP puede convertirse en un referente privilegiado a nivel de las personas, los gobiernos, la opinión pública y los foros internacionales, debido a que posee en su estructura y su pensamiento justamente lo que constituye la debilidad del Comité Internacional de Bioética, la carencia de una antropología coherente, claridad a la hora de definir los conceptos y, sobre todo, libertad frente a otros organismos internacionales vinculados a las Naciones Unidas y a los múltiples gobiernos que la financian.
Es cierto que la FIBIP prestará un gran servicio a cientos de profesores universitarios perplejos frente a estos cambios, a cientos de gobernantes y legisladores que intuyen lo importante que son los temas vinculados a la vida y que, para su análisis, requieren criterios de discernimiento que no poseen. Sobre todo, la FIBIP prestará un gran servicio a la opinión pública, que está cada vez más angustiada frente a los avances científicos que, si bien es cierto han contribuido positivamente en muchos ámbitos, no menos cierto es que requieren de mucha sabiduría a la luz de sus posibles utilizaciones, que están lejos de servir al hombre, a todo el hombre, a todos los hombres.


