Entrevistas
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Publicación: Diario La Segunda
Entrevistado: Fernando Chomali
Chomali y el debate valórico: "Estamos en un momento en Chile muy delicado..."
"La Constitución defiende la vida del que está por nacer, pero creo que lamentablemente la tendencia va por otro lado", advierte el nuevo obispo auxiliar de Santiago.
"El veto presidencial invalida el corazón de la ley de clonación".
¿Revisión de la postura del Vaticano sobre uso del preservativo?: "La Iglesia siempre está estudiando, pero estoy cierto de que no va a llegar a otra conclusión que no sea la enseñanza de siempre".
Por Graciela Ibáñez D.
Es el primer obispo en Chile que ha sido alumno de la Alianza Francesa (un colegio reconocido como laico y multicultural), aunque "no el primer sacerdote", se apura en aclarar quien en junio asumirá como cuarto obispo auxiliar de Santiago, el presbítero Fernando Chomali Garib. Desde esa época conoce al ex ministro Pedro García, que era compañero de su hermana. Sus dos últimos años, sin embargo, los cursó en el Instituto Nacional. "Fue por iniciativa personal, porque quería estar en un colegio público", explica. Luego estudió ingeniería en la Universidad Católica, se recibió y ejerció la profesión por un año y medio hasta que la vocación lo llevó al sacerdocio.
Sus cuatro abuelos llegaron desde Palestina a principios del siglo XX y tiene tres primos sacerdotes en este país. Habla a la perfección inglés, francés, italiano y castellano. Es deportista - juega tenis, trota, anda en bicicleta y nada- y asegura ser muy respetuoso de sus amigos no creyentes. De hecho tiene varios y "son a los que más quiero, porque creo que son los que más necesitan de Dios".
El segundo de cinco hermanos, una vez ordenado sacerdote, el entonces obispo Carlos Oviedo lo envió a Roma donde obtuvo una licenciatura en Teología Moral y un doctorado en Teología. De vuelta a Chile trabajó con universitarios, pero sus superiores lo mandaron de nuevo a Italia a estudiar bioética. "Yo no decido nada, obedezco lo que me dicen los obispos", dice riéndose. A su regreso empezó a trabajar en la Facultad de Medicina de la UC, donde lleva ocho años de profesor. Incluso ha escrito obras de teatro con la bioética como tema de fondo.
- ¿Cómo surgió su vocación por el sacerdocio?
- La fe es un don que se alimentó en mi familia, especialmente en mi mamá. En la universidad me pregunté con más madurez qué era lo que Dios quería de mi vida. Después de un proceso de discernimiento de seis años, ingresé al Seminario Pontificio Mayor de Santiago.
- ¿Qué señal está dando la Iglesia al nombrarlo a usted, un experto en bioética, como obispo?
- No sé las razones por las cuales el Papa me nombró obispo, pero ese tema forma parte de mi vida sacerdotal. Yo soy miembro de la Comisión Nacional de Bioética de la Conferencia Episcopal y de la Pontificia Academia por la Vida.
- Usted ha llevado la voz de la Iglesia contra las campañas del Sida que hace el gobierno. ¿Cuáles son las razones de esa postura tan tajante?
- Una política pública que promueva el preservativo con la intención de eliminar la transmisión del VIH es equivocada, contraproducente, ineficaz e inmoral. La epidemia del VIH se va a terminar cuando se modifiquen las conductas de fondo de las personas. La Iglesia insiste en que la única manera es a través de la fidelidad conyugal y la castidad. No se puede terminar con la epidemia con la misma lógica de aquello que la produce, que son las relaciones sexuales al margen de un vínculo estable entre un hombre y una mujer no infectados.
- ¿Y qué pasa cuando una persona infectada quiere tener relaciones con su cónyuge que está sano? ¿Se puede aplicar el principio del mal menor?
- El respeto a la vida humana siempre ha de prevalecer por sobre el deseo de una persona. Quien ama realmente jamás va a exponer a otro a que se infecte. Y con el uso del preservativo eso es siempre real, porque está archidemostrado que el preservativo no reduce a cero la posibilidad de infección. Por lo tanto, es inmoral inducir a las personas a su uso cuando se sabe que no elimina el riesgo completamente. El principio del mal menor se usa cuando no hay un bien posible, y en este caso lo hay, que es justamente no tener relaciones sexuales. Eso para el ser humano es posible.
- Pero hay gente que utiliza anticonceptivos y dice que ha hablado el tema con algún sacerdote que le dio el pase.
- Ningún sacerdote podría autorizar su uso.
- ¿Pero es cierto que el Vaticano estaría estudiando un documento sobre la apertura al uso de preservativos por parte de enfermos de Sida?
- La Iglesia siempre está estudiando, pero estoy cierto de que no va a llegar a otra conclusión que no sea la enseñanza de siempre.
"No existe el derecho a un hijo"
- Sobre la fertilización asistida, ¿cuál es su mensaje a los católicos que están pensando recurrir a ella?
- El mensaje es, en primer lugar, que el matrimonio tiene toda su belleza incluso en la infertilidad. Segundo, no existe el derecho a un hijo, porque un hijo es un don. En tercer lugar, no se puede recurrir a técnicas que dejen en la más absoluta indefensión a embriones porque eso implica pérdida de vidas humanas. Cuarto, existe una estrecha relación entre el acto conyugal y el hijo, que no se puede disociar arbitrariamente porque éste no puede quedar a expensas de la pericia de terceros. Y, en quinto lugar, la adopción es un camino extraordinario de gran amor.
- Pero por ejemplo el matrimonio Fernández-Fabres, médicos pioneros en fecundación asistida, dicen que no es lo mismo hablar de este tema con usted que, por ejemplo, con el padre Berríos.
- No conozco a ese matrimonio. Pero en este tema hay un criterio único, que está en el magisterio de la Iglesia y que es vastamente difundido. Todo sacerdote debiera conocerlo, hacerlo suyo y difundirlo.
- ¿Y le preocupa el veto a la ley de clonación?
- Me preocupa mucho porque el veto presidencial invalida el corazón mismo de la ley, que era el respeto a la vida humana desde el momento de la fecundación. Con el veto quedarían dos tipos de seres humanos, algunos que merecen ser respetados y otros que durante siete días (los previos a la implantación) podrían ser manipulados, como es el caso de la fecundación in vitro y como es el caso de la píldora del día después, que tiene un efecto antianidatorio.
- ¿Cómo evalúa la posición de los gobiernos de Lagos y ahora Bachelet con respecto a estos temas, sobre todo ahora que se anuncia la distribución masiva de la píldora?
- Estamos en un momento en nuestro país muy delicado, donde se piensa que la libertad y la autonomía de las personas son un valor absoluto, y no es así. Nuestra libertad, nuestra autonomía, es situada, es de una creatura y, por lo tanto, no puede ir contra la misma persona. No parece razonable que el Estado se dedique a administrar libertades desconociendo una naturaleza humana que es anterior al Estado. El respeto a la vida y a la familia fundada en el matrimonio son realidades anteriores al Estado y a éste le corresponde cuidarlas y potenciarlas, pero no dejarlas indefensas.
La Constitución en Chile defiende la vida del que está por nacer, pero creo que lamentablemente la tendencia va por otro lado. La Iglesia Católica usará argumentos de razón avalados por la ciencia, por la filosofía, por el pensamiento ético y por la fe, para mostrar que es un camino equivocado. Yo no pretendo imponer nada, pero cuando una persona dice que la píldora del día después no es abortiva, está equivocada. Ahora, si me lograran demostrar que yo soy el equivocado, voy a cambiar, pero nunca lo han hecho. Provengo del mundo de la ciencia y no le temo a su resultado.
- Ahora que va a asumir como obispo, ¿cómo habría enfrentado un caso como el del cura Jolo, donde el arzobispo ha sufrido fuertes cuestionamientos?
- Lo único que puedo decir es que conozco al Cardenal y sé de su condición humana y moral. Siempre actúa en verdad, en justicia y también en prudencia cuando la situación lo amerita. Eso, respecto de todos los temas.
Ejemplo europeo: "No tenemos por qué recorrer los caminos de otros países"
''Me parece un desastre intentar renegar de las raíces cristianas tan profundas que tenemos en Chile y que han contribuido al desarrollo de un país democrático y fraterno''.
- Usted ha vivido en Europa y conoce cómo es la sociedad europea en cuanto a los temas valóricos. ¿Cree que Chile va por el mismo camino?
- Invitaría a las personas que pretenden que caminemos por esa senda a que vean lo que ha pasado. Las sociedades que tienen la libertad como un valor absoluto, incluso contra la propia vida humana a través de las leyes del aborto, que no reconocen una naturaleza masculina y femenina, que se sienten con derecho de decidir cómo, cuándo y bajo qué circunstancias tener hijos, no las veo como sociedades más felices.
Sería muy interesante hacer un análisis de la violencia desatada que hay en muchos ámbitos de las sociedades más ricas para darse cuenta de que un auténtico desarrollo humano no es solamente económico, sino que también moral y religioso. Haber relegado la religión al plano estrictamente de lo privado, haber querido construir una sociedad al margen de Dios, ha traído consecuencias muy graves. Las estamos viviendo hoy día y se traduce, en palabras de Juan Pablo II - que proviene del mundo europeo- , en una cultura de la muerte. Nosotros no tenemos por qué recorrer los caminos de otros países. Me parece un desastre intentar renegar de las raíces cristianas tan profundas que tenemos en Chile y que han contribuido objetivamente al desarrollo de un país democrático y fraterno.
- Precisamente por estas razones el Papa dijo que el énfasis de su pontificado iba a estar en Europa.
- Evidentemente, porque es una sociedad que se ha descristianizado. Pero no todo está perdido. La experiencia religiosa es una experiencia muy potente, que se anida en lo más profundo del ser humano y uno no la puede olvidar de un día para otro.
- ¿Qué fue lo que pasó con esa Europa que era tan cristiana?
- Pienso que el iluminismo tuvo algo que ver y esta aproximación del hombre de creerse dueño del mundo, de pensar la ciencia como modo de poder. Este anhelo de construir una sociedad al margen de Dios, materialista, ha contribuido negativamente. Y el deseo de omnipotencia del hombre también ha llevado al olvido de su condición de creatura. En el fondo, es la soberbia.
- ¿Cuál es su análisis del primer año de Benedicto XVI?
- Soy hijo intelectual de Juan Pablo II porque mi tesis versó sobre la visión que él da del hombre. A Benedicto XVI lo conozco a través de sus escritos como un hombre tremendamente culto, con una amplia formación teológica, como un gran pensador y muy creyente. Su presencia es providencial porque el mundo hoy día corre mucho, pero le falta más reflexión.


