Entrevistas
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Publicación: Revista Hacer Familia
Entrevistado: Fernando Chomali
Los Niños del Hielo, Derechos del Embrión Congelado
Nuestra cultura está hoy frente a un dilema ético brutal: ¿qué hacer con los miles de embriones que están congelados? ¿Destruirlos, experimentar con ellos o librarlos de su estado de vida supendida a través de su adopción por parte de matrimonios infértiles? Aunque el tema parece sacado de ciencia ficción, no hay nada más verdadero que los niños que ya han nacido tras ser descongelados.
Alicia Cruzat
Breve historia
Hace 27 años, los médicos británicos Robert Edwards y Patrick Steptoe lograron concebir a Louise Brown, la primera niña probeta del mundo. Desde ese momento, la fertilización in vitro dió pie para que existieran miles de embriones congelados: en Alemania, en el año 2002, había cien mil; hoy día, en España, hay 80.000, y en Estados Unidos, 400.000.
El futuro de estos embriones es incierto, pero se ha abierto una ventana que puede darles esperanzas de vida. Según cálculos de la corporación de investigación norteamericana RAND, si bien el 88% siguen reservados por sus padres genéticos para ser implantados y un 2,2% están destinados a la destrucción (ya nadie los quiere y se venció el plazo legal de congelamiento), el 2,75% (11 mil) que antes estaban destinados a la investigación, hoy podrían ser adoptados.
La discusión que hay en Estados Unidos, país pionero en el uso de esta alternativa, se debe a que la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley que permite financiar investigaciones con embriones congelados. La contrapropuesta de George Bush fue fomentar su transferencia.
Las familias norteamericanas pueden recurrir a Snowflakes, programa creado en 1997 por la agencia Nighlight Christian Adoptions, que promueve la donación y transferencia de embriones congelados. Hasta hoy ha logrado poner en contacto a 145 familias deseosas de adoptar embriones con otras 230 dispuestas a darlos en adopción (1.548 entre todos). Ya han nacido 81 niños de esta forma y 15 más están en gestación.
TESTIMONIOS
Cortney y Kendal Heuer: "La herida en nuestro corazón cicatrizó gracias a Andrew"
"Llevábamos dos años intentando tener hijos, incluso con tratamientos de fertilización. Pero a esas alturas era tan grande nuestro deseo de ser padres que no importaba si eran biológicos o no. Comenzamos a investigar sobre las posibilidades de adopción y fue así como llegaron a nuestra casa una guagua recién nacida (mujer) y su hermano mayor, de 3 años. Pero cada historia tiene su giro, y la nuestra no fue la excepción: a los seis meses debieron dejarnos para volver definitivamente con su madre biológica.
Retomamos los tratamientos de infertilidad, pero pronto nos dimos cuenta que no era el camino a seguir. Investigamos un poco más y nos encontramos con la posibilidad de adoptar embriones.
Debo reconocer que me resistí en un comienzo, mientras mi marido siempre estuvo entusiasmado. Finalmente, en la primavera del año 2003, adoptamos seis embriones.
En el primer intento me transfirieron tres embriones, y dos semanas después recibimos la noticia de que ¡estaba embarazada! En la ecografía se veía a un par de mellizos y había también un tercer saquito de gestación, vacío. ¡Cuál fue nuestra sorpresa cuando a la semana siguiente nos dijeron que el tercer saquito tenía a una guagüita que se había estado escondiendo! Pese a que yo tenía 28 años, muy buena salud y a que todos, incluidos los doctores, confiaban en que el embarazo iría por buen camino, estaba asustada.
A los cuatro meses de embarazo descubrimos que nuestro tercer hijo tenía una enfermedad que afectaba su corazón y sus pulmones. Como tenía pocas probabilidades de sobrevivir después del parto, buscamos un cirujano que le diera una oportunidad de vivir y un excelente hospital que permitiera que los tres niños estuvieran juntos. Si nuestro hijo iba a morir, queríamos que estuviera junto a sus padres y hermanos antes de partir al cielo.
Lamentablemente, a los cinco meses empecé el trabajo de parto prematuro. Tuvimos que dar a luz a nuestros esperados hijos sabiendo que no había posibilidades de que sobrevivieran. Nacieron en abril de 2004. Llegaron silenciosamente al mundo y se fueron sin que pudiéramos siquiera oírles su llanto. Los abrazamos mucho rato, pero sentimos paz al saber que Dios los había mantenido juntos.
Pese a la pena que sentimos por la muerte de nuestros primeros hijos (a los que llamamos Jack Matthew, Grant Isaac y Samuel Luke), teníamos claro que todavía éramos padres de tres embriones congelados que merecían la oportunidad de vivir. Los doctores nos aseguraron que el parto prematuro fue porque eran trillizos... Para evitarlo, hicimos la transferencia de un solo embrión: lamentablemente, éste no sobrevivió al descongelamiento. Nos quedaba uno más (el tercero murió al descongelarse). Hicimos la transferencia y esperamos las noticias. Dos semanas después supimos que estaba embarazada. Todo resultó bien y nuestro esperado cuarto hijo, Andrew Marshall, nació el 7 de julio de 2005.
Mientras escribo este testimonio, él duerme en mis brazos. El solo hecho de mirarlo me produce una alegría enorme, aunque al mismo tiempo nostalgia por estos hermanos que Andrew no alcanzó a conocer pero que estoy segura lo miran y cuidan desde el cielo.
Muchas personas me han preguntado si considerando los difíciles momentos que hemos pasado lo haría de nuevo. Pese a todo el dolor y la pena, yo siempre respondo que sí, que lo volvería a hacer con todo mi corazón".
"Lo que tenemos que preguntarnos no es cómo llegaron a la existencia, sino qué podemos hacer para ayudarles." Padre Thomas Williams, Decano de Teología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolarum de Roma.
"Lo más difícil es la incertidumbre sobre lo que puede pasar: puedes perderlos en la transferencia, en el parto, o pueden nacer sanos y salvos, como Andrew".
La oportunidad de vivir: Gracias a la generosidad de sus padres adoptivos, Kendal y Cortney Heuer, Andrew Marshall, quien alguna vez estuvo congelado, nació el 7 de julio de 2005 en Wichita, Kansas.
Tina y Thomas Harvey: "Con Samuel experimentamos el milagro de traer una nueva vida al mundo"
"Nos casamos en 1991 y en 1993 quisimos tener a nuestro primer hijo. Después de dos años de intento contactamos a un especialista en fertilidad y nos sometimos a siete inseminaciones intrauterinas. Nada funcionaba. Aún así, decidimos no dar el paso siguiente porque yo estaba tan desesperada por tener un hijo que no confiaba en la cordura de mis decisiones, y porque además, optamos por la adopción de un niño... Así fue como en 1997 llegó Alyssa, nuestra hija de Guatemala.
Cuatro años más tarde escuchamos en la radio un programa acerca de Nighlight Christian Adoption y de la adopción de embriones. Quisimos averiguar algo más pero no encontramos a ningún doctor que participara en él así que nos rendimos. Probable-mente no era el momento...
Al cabo de un tiempo se lo contamos a una pareja que quería adoptar y al hacerlo, me di cuenta que no quería llegar a vieja y preguntarme todos los días por qué no había indagado más sobre la adopción de embriones. Tratamos de nuevo, obtuvimos varias respuestas y enviamos el formulario a Nighlight. En un par de semana nos contactaron con una pareja que tenía cuatro embriones congelados y que nos había elegido como padres adoptivos luego de leer los formularios personales del programa. Firmamos los papeles legales y comenzamos con la adopción.
En octubre de 2003 el especialista descongeló los cuatro embriones (en dos tandas distintas); sólo vivieron dos. Me los implantaron en el útero y me obligaron a guardar reposo absoluto por tres días. Sólo me quedaba esperar doce días para hacerme el test de sangre que... ¡salió positivo! Estábamos tan felices... no podíamos creerlo. Luego esperamos tres semanas y en la ecografía vimos que estábamos esperando una guagua.
Samuel nació el 17 de julio de 2004. Pese a que con Alyssa habíamos descubierto la maravilla de ser padres, con Samuel nos dimos cuenta del milagro que es traer una vida al mundo. Con gran ilusión esperamos poder darle la oportunidad de vivir a otro niño en un tiempo más".
Thomas y Tina Harvey junto a sus hijos adoptados: Alyssa, de Guatemala, y Samuel, quien fue un embrión congelado.
ENTREVISTA
Derechos del embrión congelado
El padre Fernando Chomali subraya que el modo antinatural en que estos embriones han sido tratados no puede hacernos olvidar que se trata de criaturas humanas que merecen continuar su desarrollo.
¿Es ética la adopción de embriones?
- Me parece que es indebido responder sin antes aclarar que éste es un hecho que nunca debiera haber ocurrido. El punto de partida es que estamos frente a una tecnología que se aplica donde se sabe que va a haber embriones congelados y desechados; es un cuestionamiento radical a estas técnicas que banalizan absolutamente la sexualidad humana y banalizan la vida al punto que se le resta toda importancia al destino que van a tener muchos embriones.
¿Cómo describiría usted el actual dilema ético que plantea la crioconservación embrionaria?
- Estamos ante un espectáculo dantesco de miles de embriones congelados que quedan al amparo de la ley (que normalmente termina eliminándolos) o bien al amparo de sus propios padres que por infinitas razones pueden no querer sacarlos de ese estado. Sin embargo, existe la alternativa de que puedan continuar su desarrollo cuando un matrimonio decide asumirlos como propios.
¿Qué complicaciones éticas podrían tener esos padres adoptivos?
- Si ellos no han sido los que han promovido la generación de esos embriones y se encuentran frente a la posibilidad, pensando en el bien mayor de esos embriones congelados, me parece adecuada la posibilidad de que se los transfieran al útero materno. Tienen que saber que el trabajo que van a tener que hacer es doble: deben saber dar razones de por qué sus niños son tan disociados genéticamente. La responsabilidad moral y ética está mas centrada en el que realizó las técnicas, en los médicos y en la legislación que permite que existan los embriones congelados.
También está la alternativa de darles muerte natural a través del descongelamiento. ¿Qué tan ético es eso?
- Obviamente que entre que se le dé muerte y la posibilidad de que continúe el desarrollo, yo me inclino por lo segundo. Pero no puedo perder de vista todo el contexto. No olvidemos que a pesar de esa situación de esclavitud fruto de la arrogancia del hombre y de una ciencia que prescinde de una antropología adecuada y de toda metafísica, esos seres son humanos y en cuanto tal, merecen un debido respeto; cosa que no asumieron ni los padres ni los médicos.
¿Cómo enfrentan ellos ese problema?
- Manipulando el lenguaje y planteando que no estamos frente a un ser humano sino que estamos frente a un conjunto de células; o que estamos frente a un preembrión, etc. Eso no tiene ningún sustento: desde el momento en que el óvulo es fecundado se da inicio a una nueva vida humana que no es ni la del padre ni la de la madre, y que merece respeto.
¿Se ha pronunciado la Iglesia Católica al respecto?
- Ha habido muchos análisis y opiniones de distintos teólogos respecto de estos embriones, pero no ha habido una posición oficial de peso magisterial al respecto. No obstante, la opinión de la Iglesia es clara en que el embrión es un ser humano, una persona, con derecho a la vida.
¿Es correcto el término "adopción"?
- Yo no usaría ese concepto porque "adopción" siempre se ha entendido como el acoger en el seno de una familia a un niño ya nacido.
¿Qué término se debiera utilizar entonces?
- Transferencia de embriones, que han sido privados injustamente de su derecho a nacer, para devolverles la posibilidad de que continúen su desarrollo.
La transferencia de embriones, ¿no implica, al menos tácitamente, una aprobación de las modalidades por las que estos embriones han llegado a la vida?
- No. La Iglesia Católica no va a aprobar nunca acciones que separen el aspecto unitivo y procreativo de la sexualidad humana; ni técnicas que impliquen la pérdida de embriones humanos o que impliquen la disociación de la filiación genética y social.
¿Y qué podría decirse a quienes miran con sospecha la transferencia de embriones, señalando que podría surgir un negocio a partir de esto?
- El peligro está latente. Estamos frente a situaciones muy intrincadas producto del intento por quebrar la naturaleza. En este caso, pienso que es mejor transferir al útero de una madre que dejar a los embriones congelados de por vida o sencillamente destruirlos. Pero jamás va a responder a un ideal ni jamás va a responder a la verdad de la dignidad que lleva implícito cada ser humano.
¿Cree que la transferencia de embriones podría aumentar la producción y conservación de más embriones, haciendo surgir un negocio?
- No creo. Las razones por las que hay tantos embriones congelados son otras: al postergar la maternidad y aumentar la edad en la cual los matrimonios quieren tener hijos, las tasas de infertilidad han aumentado significativamente, y por lo tanto, estas técnicas de reproducción asistida son cada vez más vistas como una solución. Para favorecer el éxito de las fecundaciones y abaratar costos de las posteriores inseminaciones se trabaja con embriones sobrantes. De ahí la importancia de que los padres asuman la dignidad de sus propios hijos y su derecho a ser concebidos, llevados en las entrañas y educados en el contexto de una familia fundamentada en el matrimonio.
CRONOLOGÍA
Julio de 1978: En Inglaterra, nace Louise Brown, la primera niña probeta del mundo.
1984: En Inglaterra, el Informe Warnock crea el término jurídico "pre-embrión" aludiendo a una realidad biológica carente de dignidad humana. Este informe ha servido a los legisladores de varios países para permitir la manipulación y destrucción de embriones humanos hasta el día 14 de la fecundación.
1986-1988: En Francia llegan a término 4.000 embarazos después de la concepción in vitro.
1995: La Iglesia Católica reafirma (ya lo había hecho en 1987) que todo embrión tiene que ser considerado y tratado como persona humana y se le debe reconocer el derecho a la vida. Afirma que la "reducción de embriones" constituye un aborto selectivo: de hecho, consiste en la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente (Papa Juan Pablo II, Encíclica «Evangelium vitae»).
1997-1998: En Inglaterra se destruyen más de 50 mil embriones.
1998: En Estados Unidos hay alrededor de 20.000 embriones almacenados sin que pueda determinarse su suerte legal.
1997: En California nace Snowflakes, la primera agencia norteamericana que permite la "adopción" de embriones congelados.
2001: En Estados Unidos, el Presidente George Bush prohíbe financiar con dinero federal investigaciones con embriones congelados.
2002: En Inglaterra, la Cámara de los Lores aprueba la ley que permite clonar
embriones humanos (menores de 14 días) para la investigación médica.
2004: El Instituto Marqués de Barcelona ofrece 1.700 embriones congelados en adopción (algunos de ellos concebidos hace quince años) en vez de cederlos a la investigación.
2005: El banco de células madre del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona descongela los primeros embriones (140) para investigación científica.
2005: En un referendum nacional histórico realizado en Italia, se reafirmó la prohibición existente de congelar embriones. A la vez se permite fecundar in vitro sólo a tres embriones los cuales deben ser implantados inmediatamente en el vientre de su madre biológica. En este referendum hubo una abstención del 75% de los votantes, lo que permitió que la ley quedará reafirmada sin las pretendidas innovaciones. El solgan que se usó para llamar a la abstención fue: "No se puede Botar la vida".
1978-2005: Es difícil el cálculo exacto de cuántos embriones permanecen congelados en el mundo, por la falta de un registro a niveles nacionales, pero se calcula que se trata de varias centenas de miles.


